En el manicomio de tu pecho encerré a todos mis yos

Sin saber cómo, le abrí la puerta y se fue metiendo poquito a poco en mi vida, se ha colado por donde pocas personas lo han hecho y se instaló ahí, en mi cabeza, justo en medio de mi pasado y de mi presente. 

Le dí cabida en mi alma y no me arrepiento pues la ha ido incendiando lentamente hasta el punto de que siento el fuego recorriendo mis venas cada vez que me toca, cada vez que me besa, cada vez que me mira…

Es tan bonito conocer a una persona que te haga hacer tonterías, que te deje sin palabras, de ese tipo de personas que no puedes dejar de mirar ni aunque te estés muriendo de sueño y si señores.

Setenta y tres días después, y con altibajos incluidos, digo “siempre se llega a alguna parte si se camina bastante”

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